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UÉ esperan esas mujeres silenciosas y altivas, semejantes a espectros graciosos y benéficos, que obsesionan la mayor parte de los lienzos de Juan CARRILLO?. ¿Qué mensaje, qué signo, qué llamada?.Nunca se juntan, nunca charlan entre ellas. Ni siquiera una brizna de ruido, ni tan siquiera un gesto, actitude casi eremíticas, deambulando a lo largo de un río o contemplando el resplandor de la lámpara en su habitación. La espera, que es a su vez el título de una de lascomposiciones más turbadoras de CARRILLO, está presente a lo largo de su obra. Espera que no es mórbida, que no tiene más de ilusión que de aprehensión. Màs bien un ensueño, la reflexión del artista, la compostura que desearía, a la manera de otro dios, dar al mundo; la exaltación del aventurero en la hazaña que podría ofrecer a su destino. Y cuando se sabe que CARRILLO viene de Extremadura, donde si no se es conquistador se es anacoreta o pintor, se advierte en él la síntesis de estos tres personajes esenciales de la Historia de España. Pinta como cuando se lucha o se medita, con la certeza del talento. No existe sombra en su obra. Siempre, todo resplandece: una variedad de fogosos y delicados ocres y anaranjados que metamorfosean el cielo y la tierra y hasta los muros de las habitaciones de las "soñadoras". CARRILLO ha escogido pintar la alegría, en lo que esta tiene de más carismático; la alegria del místico que tanta gente juzga de forma frívola y que colorea cada visión con matices suntuosos. Ha escogido pintar el alma. Las mujeres componen la parte más apacible y tierna. Cómo no acordarse de las palabras de Buddha: "No seamos eficaces sino siendo inactivos". Con tal elección, CARRILLO está alejado de lo que aflige a la llamada "pintura de nuestro Tiempo": cinismo, angustia, desesperación, desprecio de la belleza, caricatura del SER, exuberancia absurda, presunción intempestiva. Pero ?es verdaderamente de esta época?. El paisaje que pinta, tan árido ?podrá ser el de un planeta desolado?. Y los personajes, que disimulan sus caras a todos los observadores, ?tratan de mantener un secreto?. Todo esto no es de nuestra época. CARRILLO es, por antonomasia, pintor del pudor, del susurro, de la sugerencia. Lejos de él el tumulto, el quejido y la súplica. Un verdadero ermitaño. Ha abolido el tiempo; ha desterrado el Mal. Que los dioses protejan a Juan, le eviten las malversaciones de nuestros contemporáneos y que guarden su obra à través los tiempos más peligrosos. Su obra representa quizás el porvenir, un mundo más sereno, más interior, más dulce, desprovisto de las contingencias de la vanidad, de la mentira y de la envidia, un mundo más dedicado al espíritu, como anunciaba MALRAUX.
PHILIPPE NASSARRE Critíco de Arte - Revista de Arte, "L'Amateur d'Art", París |
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