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UAN CARRILLO padeció una infancia entre sombras de Caravaggio, negruras de Goya y espasmos de una España que agrede a la otra.  Lo que ha hecho Juan Carrillo a lo largo de toda su obra ha sido embellecer su trauma, conseguir de  negruras colores. Su paleta, enriquecida por levante, rezuma blancos en flor, verdes marinos, naranjos  huertanos.

   De Extremadura son los ocres calientes. Porque de los colores mediterraneos, el niño es trasplantado    al ascetismo de las castas encinas, de los despellejados alcornoques como sebastianes, de las sencillas vides y el nutritivo trigo, al tosco sayal de campesina de las ovejas trashumantes. Desde Aldeanueva del Camino a Plasencia se suceden unos treinta kilómetros de polvorienta costa en la que la vida surge concentrada y milagrosa en ese increible parto de encinas que brotan de peñascales partidos. Cuando el desánimo cortesano de París aturde a Juan Carrillo, el pintor busca en el encinar los ancestros de una tierra acomodo de ascetas místicos, alucinados, fatalistas y esteparios. Las telas de Carrillo transpiran un vaho de infancia en sus mujeres enlutadas, viudas todas de algo, estáticas o encorvadas en duros trabajos e inmersas en un ambiente de Millet. O jovencitas en flor y carne de melocotón. O bodegones en los que la humildad se ennoblece, y casi siempre la encina robusta, en ocasiones sombreada de violeta nazareno como premonición a su despiadado alboricidio. Y como fondo de sus lienzos, el fogón de amarillos y naranjas imposibles que explotan en armoniosa fusión del espectro. Pero tras de esta cromática alegría de arco iris, torpe sería quedarse sólo al disfrute visual y no penetrar en la trascendencia de una luz hecha silencio, aire gregoriano petrificado que parece por vidrieras catedralicias, atmosfera mística de Fray Angélico.

Tras el color, o en el color, palpita la herída de una melancolía hecha lienzo que el pintor embellece sacando color a sus negruras.

                                                                                                                                                                  VICTOR CHAMORRO

                                                                                                                                                                                                              Escritor

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